Sandra pasó años enseñando en centros donde había veinte personas por clase y cuarenta y cinco minutos para todas. Corregía a una y perdía a tres. Volvía a casa con la sensación de haber dado una clase correcta y una atención insuficiente.
ENFORMA empezó con dos reformers y una lista de espera hecha a mano. La idea era sencilla y arriesgada: menos plazas, más tiempo por persona, y un precio que permitiera sostenerlo. Funcionó porque las alumnas notaron la diferencia en las primeras semanas.
Hoy el estudio está en el corazón de Nervión, con salas de luz natural, aparatos de madera y el mismo compromiso del primer día: nadie entrena aquí sin ser visto.